Discriminación por fumar marihuana

Todos sufrimos discriminación en algún momento de nuestras vidas. A la sociedad le gusta establecer cuales son los status para actuar, ser y parecer, y esto provoca que en algún momento tus acciones, gustos o tu simple color de piel sean señalados negativamente. Claro, los que fumamos hierba no quedamos exentos.

Un día decidí fumar con conocidos y de alguien salió el comentario: ‘’la marihuana es para pobres’’, y yo me pregunté ¿qué pasa con las sustancias que le metes a tu cuerpo en tu día a día?

Reflexioné y afirme en mi cabeza, ‘’el azúcar es para los más adictos’’, sí, es aún más adictiva que la cocaína, causa diabetes y obesidad, algunos toman café sufriendo taquicardia, otros fuman cigarro sabiendo que causa problemas respiratorios o cáncer en el peor panorama. Cada quién elige su mal, lo que se pide es no juzgar, no dañar a terceros y estar informados pues todo en exceso produce un mal.

Policía
A lo largo de mi vida me han parado muchas veces los policías, siempre buscando algo para ponerme en jaque; muchas veces lo lograron y, otras tantas tuvieron que irse sin su mochada. Pero cuando el entuze era relacionado con marihuana, la situación se tornaba más crítica.

Comenzaban con un cateo ‘’¿cuánto más trae chavo?’’ como si se tratara de uno de los narcotraficantes más peligrosos del país. El protocolo continuaba con amenazas relacionadas al tiempo que podría permanecer en la cárcel si me encontraran un paquete más grande. Todo era susto hasta que terminaban con un “¿Cómo lo vamos a arreglar mi joven?”.

No por nada les dicen ‘’puercos’’…

Familia
Decir que me encanta la marihuana dentro de mi círculo familiar ha sido tanto como salir del clóset. La verdad es que me desprendí de todos los estigmas que cargaba con la ‘’buena educación y moral’’ que me brindaron mis padres y las instituciones a las que he acudido.

Al principio me escondía para fumar, me echaba gotas en los ojos para quitar lo rojo, compraba aromatizantes para no oler a hierba. Fue pasando el tiempo, comencé a conocer la planta cada vez más y la extensión de sus beneficios. Hasta que la reconocí y le di la cara, al mismo tiempo que se la daba a mis padres y les ofrecía pequeñas dosis de información.

Si, ha sido un proceso complicado pero si yo lo hice ¿por qué tú no podrías? La comunicación es lo más importante, la información es necesaria para eliminar ideas discriminatorias y muchas veces falsas. ¡Mamá, papá, familia les soy honesto, estoy haciendo todo lo que sueño y quiero seguir fumando marihuana!…. Que tus padres conozcan quién eres siempre; demostrando con sacrificio que un porro te puede acompañar en el podio.

Amigos
Personas con la que solía salir y tener confianza se alejaron de mi vida desde que fumamos o se enteraron que fumaba motita. Entiendo que a algunos no les llamaba el cannabis, yo lo respete, a otros les atemorizaba quedarse en el viaje, en cuanto a mi, acepto que me prendí en ocasiones que no eran debidas, que nos corrieron de lugares y fiestas por querer estar frito con la pandilla. Sin embargo, los que se alejaron tajantemente y permanecen así fue porque veían o siguen viendo el fumar marihuana desde una perspectiva satanizada y poco informada. Con el tiempo las personas que aceptan mis gustos, se informaron y regresaron a mi vida. ¡Qué trago amargo se vivió!

Sociedad
Las múltiples visiones alrededor de la planta llegan a ser opuestas, van desde “El cannabis alivia el dolor en todas enfermedades porque sus cannabinoides son tan inteligentes que van a las zonas dañadas del cuerpo” (Marc Emery, El príncipe de la marihuana en Canadá), hasta campañas televisivas que mostraban el fumar marihuana como puerta a la locura y perdición.

Los moralistas suelen asociar a la planta con el fracaso, la ilegalidad, vagancia, delincuencia y dinero con un mal destino. Acepto que los pachecos, cuando compramos hierba, estamos haciendo una acción fuera de la ley y que en algunos deals el varo le llegó al narco, sin embargo cada vez hay más cultivos ajenos al crimen. No es justificación, pero si cada persona reflexionara en donde termina su dinero, pensaría tres veces antes de gastarlo en cualquier producto que abuse del maltrato animal, producción insalubre de empaquetados hasta la esclavitud disfrazada de un sueldo de dos dólares al día.

Sociedad, soy marihuano y no por eso soy un delincuente, no por eso terminaré con una jeringa en el brazo y he llegado a la conclusión de que fumar no es venderle mi alma al diablo, es gozar de mi autonomía. ¡La mota, no mata!, lo que mata es el odio, la represión y la falta de empatía.

Lo legal
La descalificación de los pachecos en lo legal siempre ha sido inmediata por parte de las autoridades. Basta por poner como ejemplo a los primeros activistas cannábicos en México, ellos, luchadores de los derechos del libre goce de la planta se veían truncados por un argumento supremo “ustedes fuman ¿no?”, así, todo mérito quedaba en el olvido.

Ese mal ha continuado. He escuchado de casos de divorcio con hijos en donde una de las partes es acusada por consumo de marihuana y se le niega su derecho como padre o madre inclusive sea una buena persona, con trabajo fijo y una vida productiva. Eso quiere decir que si en algún momento llego a estar en un proceso legal ‘’mi toque’’ puede poner al sistema en mi contra por medio de la discriminación estigmatizada, olvidando los hechos y las pruebas.

¡Chale! Espero que con la legalización el sistema legal cambie, se adecue al momento histórico, termine de estigmatizar y denigrar al consumidor.

Yo mismo me discriminé
Cuando notaba la mirada de la gente al prenderme un “toque” mi sentir se tornaba bastante incómodo y pensaba si en realidad estaba haciendo algo terrible. Durante un rato no podía sentirme pleno bajo los efectos de la weed, me mal viajaba mucho hasta que acepté que la sociedad es un fuerte y vital conductor en nuestro actuar pero ¿un porro? ‘’sí’’, me dije, ‘’fumatelo que no le estas haciendo daño a nadie.’’

Con el tiempo me fui informando y el efecto del cannabis se volvió más un complemento recreativo, que una cuestión de estar en el viaje. Comenzaba a realizar mis actividades diarias con la mente bien volada, sin fallar. Es obvio que me llegaba el bajón, pero un fume siempre me vuelve a levantar.

En conclusión, la marihuana no es para todos y tiene efectos colaterales a los cuales ya nos enfrentamos los pachecos. Lo principal, lo que queremos y ansiamos es vivir en una sociedad en donde a los fritos no nos vean como delincuentes, perezosos, locos o incapaces de vivir y ser conscientes. La marihuana no daña, no mata con su consumo responsable y al final la que nos la provee es la Madre Tierra.

***Vía Ladosis

 

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