Enteógenos ilegales que podrían convertirse en poderosas medicinas

peyoteDavid Nutt y Robin Carnhart-Harris son dos viejos conocidos en la lucha por investigar la eficacia de los psicodélicos en distintos padecimientos, desde la cura para las adicciones hasta la depresión. El próximo año, después de superar algunas paradojas legales, una docena de pacientes con depresión clínica entrarán a un programa experimental en el Reino Unido para ser tratados con psilocibina, el ingrediente activo de los hongos alucinógenos, todo en condiciones clínicas.

La investigación de la psilocibina, el peyote, la cannabis y el LSD con fines medicinales tuvo su auge a finales de la década de los 40 y hasta finales de los 60. Se estima que sólo en la década de los 60, unos 40 mil voluntarios tomaron LSD para nutrir mil investigaciones académicas. De pronto, con la persecución macartista y la presión estadunidense (que echó a andar el origen de la fallida “guerra contra las drogas”, cuyos efectos seguimos sintiendo en nuestros días), las investigaciones se detuvieron súbitamente. Hasta ahora.

Nutt fue jefe del Consejo contra las Adicciones del Reino Unido, pero fue depuesto en 2009 por afirmar que andar a caballo era más peligroso que tomar MDMA, y se ha convertido desde entonces en un férreo abogado por el uso clínico de los alucinógenos. Los argumentos contra este tipo de drogas, que pueblan las campañas de criminalización de los usuarios, en virtualmente todos los gobiernos del mundo, “fue incuestionablemente una de las piezas más efectivas de desinformación en la historia de la humanidad.”

Según él, estas campañas “llevaron a creer a mucha gente que estas drogas eran más peligrosas de lo que son. No son drogas triviales, pero en comparación con drogas que matan a miles de personas al año, como el alcohol, el tabaco y la heroína, tienen un registro muy seguro, y hasta donde sabemos nadie ha muerto.”

Para Carhart-Harris, el problema para estudiar los efectos del LSD y otros alucinógenos para aliviar la depresión crónica (la verdadera epidemia del temprano siglo XXI) es que las sustancias están catalogadas como “cláusula 1″ desde 1971 por una comisión antinarcóticos de las Naciones Unidas. La “cláusula 1″ implica que se trata de sustancias peligrosas sin relevancia médica.

Carhart-Harris describe la paradoja: “Es difícil estudiar el LSD y la psilocibina para ver si tienen usos medicinales porque son ‘cláusula 1′. Y sólo están clasificados como cláusula 1 porque se supone que no tienen uso médico.”

Pero este año se publicaron dos estudios que involucran el uso de LSD, uno del estudio conformado por la dupla Nutt/Carhart-Harris, y otro por un equipo suizo que utiliza la sustancia para tratar la ansiedad en pacientes con cáncer terminal. A causa de los altos costos para obtener los permisos, el equipo inglés trabaja con la Fundación Beckley, una organización de caridad fundada por la aristócrata Amanda Feilding, una entusiasta del LSD.

***Vía Growlandia

 

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