Cosas que no deberías hacer en un hotel

Aunque puedas sentirte como en casa, recordá que no estás solo. Aunque el personal pretenda hacernos sentir como si estuviéramos en casa, no podemos olvidar que los hoteles son establecimientos que compartimos con otros huéspedes y que, por lo tanto, requieren el cumplimiento de determinadas normas, muchas de ellas no escritas.

Durante la estadía, se impone ser cauto y respetuoso con el resto de clientes y sobre todo con la gente que nos atiende. De ello dependerá en buena parte que nuestra experiencia sea agradable y placentera.

No está de más recordar algunas reglas básicas y algún que otro consejo que deberías tener muy en cuenta cuando te hospedás en un hotel.

Hacer ruido
Gritos en los pasillos, televisor o música a todo volumen, conversaciones en tonos desmesurados, taconeo en la habitación, sexo excesivamente sonoro…

Sin lugar a dudas, una de las cosas que molestan más al resto de huéspedes y que altera en mayor medida la convivencia en un hotel es el ruido. Y es que no hay nada más irritante que no poder conciliar el sueño o despertarse en plena noche por culpa de un vecino desconsiderado.

Bajar la guardia en higiene
Todo coincidimos en que la limpieza es uno de los requisitos prioritarios a la hora de elegir hotel. Exigimos encontrar baños, habitaciones, espacios comunes, sábanas o toallas pulcros, pero solemos ignorar que algunos rincones de nuestro cuarto pueden estar plagados de gérmenes.

Como medida preventiva, te recomendamos que prestes especial atención a aquellas superficies cuya limpieza resulta más difícil o es menos frecuente.

Es el caso de colchas, fundas de cojines, cortinas y, en especial, sofás o sillas -la revista Women’s Health aconseja no sentarse nunca en ningún mueble tapizado sin antes poner una toalla o sábana encima.

Tampoco pases por alto el potencial bacteriológico del secador de pelo o el control remoto de la tele. La falta de tiempo del personal encargado de la limpieza hace que, según distintos estudios, no estén debidamente desinfectados.

Llevarte lo que se te ocurra al hacer el check out
No todo lo que encontrás en la habitación es para llevar. Por supuesto, todo es para tu uso mientras dure la estadía. Pero hay objetos que son de simple cortesía, como la bata de baño o las toallas, los centros de mesa o los cubiertos.

Si te gustan y tu deseo es llevártelos a casa, podés solicitarlo al personal de recepción. Los hoteles suelen prever la venta a clientes que ambicionan un recuerdo del establecimiento.

Por el contrario, sí podés quedarte con determinados amenities, uno de los detalles más valorados por los clientes.

Los productos más habituales son los de higiene como las botellitas de champú, el gel de baño, la crema para el cuerpo, el cepillo de dientes o lapiceras, lápices y blocs de notas.

Consumir del minibar
No negaremos que la tentación de echar mano del minibar es grande, pero hacerlo puede suponerte un desembolso económico considerable. Y es que por una botellita de agua o de una gaseosa pagarás el gusto y las ganas. Sé previsor y compralo en una tienda o supermercado.

Tampoco te pases de listo: algunos consumen los productos y los reponen a posteriori sin saber que muchos hoteles usan sensores que ante el mero hecho de manipular una botella se carga automáticamente en cuenta.

Relajarte en cuestiones de seguridad
Los hoteles prestan especial atención a la seguridad, pero no por eso debés bajar la guardia. No dejes en lugares visibles piezas de valor, dinero o joyas.

Lo más recomendable es recurrir a la caja de seguridad de la habitación o, en caso de no disponer de una, entregar los valores en la recepción.

No estés con la puerta abierta para que todos vean qué tenés y acordate de cerrar la ventana si es fácilmente accesible.

En cuestiones de tecnología, no envíes información confidencial a través del wifi del hotel. Evitarás riesgos.

Pasar por alto las condiciones de reserva
No alojes en tu habitación a una persona que no esté registrada o que supere el número de huéspedes que contempla la tarifa contratada. Tampoco a una mascota, si el hotel no contempla esta posibilidad.

Tampoco fumes en una habitación para no fumadores. Todas estas situaciones y algunas más podrían acarrearte problemas.

Ser maleducado y perder el decoro
Si presumís de ser una persona educada, debés hacer gala de esta condición en todo momento.

No te olvides de saludar y ser amable con el personal de recepción, los encargados de la limpieza de las habitaciones o los camareros. Ellos hacen su trabajo y no esperes que estén a tu disposición para satisfacer caprichos y sinsentidos.

Aunque te sientas como en casa, recordá que no lo estás. Así que cuidá la forma de vestir en cada momento. No te pasees en bata por el pasillo ni vayas a desayunar en malla.

En la mayoría de hoteles -sobre todo los de categoría superior- el personal entra en los cuartos durante el día en más de una ocasión para comprobar cualquier detalle.

Si no querés que alguien te sorprendan desnudo cuando estás en la ducha, cerrá la puerta del baño o no te olvides de poner en la puerta el correspondiente cartelito de “No molestar”. Evitarás más de un sobresalto.

***Vía Clarin

 

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