Excusas que (se) pone la gente para no viajar

Cuando uno tiene unos días libres es mejor quedarse en casa y tragarse de una sentada la última temporada de Black Mirror o repasar en bucle las subidas y las bajadas del bitcoin antes que coger un avión y vivir una aventura de verdad. Es mucho más cómodo y de largo menos peligroso que viajar. Aunque seguro es mucho menos divertido.

Tanto si eres de los que vive inmerso en la burbuja del entretenimiento cibernauta como si alguna vez has sufrido las inconveniencias del ‘síndrome excusacional del no viajante’, aquí van las 10 razones que se pone la gente para no viajar y cómo desmontarlas fácilmente.

1. No tengo dinero
Viajar y dinero parece que van de la mano. En la era de “prefiero comprarme un móvil de 700 euros antes que pagar 10 euros para ir al cine” es hasta comprensible que pienses que viajar te va a salir por un ojo de la cara. Pero nada más lejos de la realidad. Que no tienes dinero para comprar un vuelo, camina, vete en bici o haz autostop. Que no tienes dinero para pagar un hotel, duerme en tu coche o en el sofá de algún amigo generoso. También está la opción de trabajar duro durante el año, no comprarte cada camiseta de Primark que veas o gadget electrónico que creas necesitar, ahorrar un poco y, quizá, hasta puedas permitirte un viaje. El que sea. Donde sea. Uno al año, no hace daño.

2. No tengo pareja
No tengo pareja y todos mis amigos ya tienen planes con sus respectivos para irse de vacaciones. ¿No te doy pena? ¡Claro que no! ¿Tienes dinero para comprarte un billete de avión, estás sano y dispones de algo de tiempo? Pues no hay pena que valga. Sécate las lágrimas de cocodrilo y reserva ya tu asiento en ese vuelo a Nepal para irte a escalar el Himalaya o perderte en las playas de Tailandia. Ah y que no te dé corte pedirle a alguien que te saque esa foto para tu Instagram. Estarás soltero, pero serás la envidia de todos tus seguidores.

3. No tengo tiempo
Bueno. Quizá no tienes tiempo para hacer ese viaje a la Patagonia con el que siempre has soñado o para explorar el Amazonas en barca, pero eso no quiere decir que no dispongas al menos de un par o hasta tres días al año para coger un avión y escaparte a conocer alguna capital europea o tumbarte en las playas de Formentera cuál guapérrimo de anuncio de cerveza. Y un bonus consejo: que no se te ocurra ir diciendo que no tienes tiempo de vacaciones por ahí porque siempre habrá alguien dispuesto a sacarte un apéndice de cuajo cuando oiga esta excusa para no viajar.

4. Tengo miedo a volar
Para viajar no es obligatorio coger un avión. Para eso se inventaron los barcos, trenes, coches, bicis… Aunque tampoco negaremos la evidencia. Sin duda, un avión es quizá el método más rápido y barato para llegar a la mayoría de destinos del mundo. Para superar el miedo o al menos mitigarlo siempre está la opción de tomarte una valeriana o un vinito (o dos) para relajar esos nervios. ¡No dejes que el miedo domine tu vida y a volar se ha dicho!.

5. No me gusta viajar
¡Repite otra vez, por favor! Es verdad que hacer la maleta puede que no sea la tarea más fascinante del mundo o que pasar por la zona de seguridad de un aeropuerto no sea precisamente un paseo por Eurodisney, pero de aquí a decir que no te gusta viajar va un paso muy grande. Que no te atrape el confort de tu hogar y sal a descubrir lo que te espera más allá de la esquina de El Corte Inglés.

6. Estoy viejo
Quizá estás viejo para escalar el Aneto o recorrer a pie los 8.762 kilómetros de la muralla China, pero si no estás mayor para criticar a la vecino del cuarto cargado con las bolsas de la compra tampoco lo estás para coger un avión de dos horitas de nada e irte a Londres o París. Además, te llevarás una sorpresa, porque aquello que dicen de que viajar rejuvenece el espíritu es verdad. Si no nos crees, coge un vuelo al destino que más te plazca y compruébalo por ti mismo.

7. No hablo idiomas
Es normal que, si no viajas, tu inglés este más que oxidado que las pilas de tu tamagochi. Si estás harto de arrastrar tu spanglish por las academias de inglés de tu pueblo, lánzate a viajar. Échale morro y saca el polvo de tu inglés de primaria hablando con el recepcionista del hotel, la camarera del restaurante y el conductor de autobús de turno. Y, si no, toma como ejemplo el siempre irreverente Mario Vaquerizo. Si él se hace entender, ¿por qué tú no? Pero, si eres más cortado que el café, no te preocupes, hay un montón de destinos en el mundo donde se habla castellano. No hablar idiomas es una excusa muy manida. Así que búscate mejor otra o ponte a viajar. Una de dos.

8. Prefiero quedarme en casa
Tu sofá, tu manta, tu programa de televisión favorito, tus colegas, la comida de mamá… En casa se está muy cómodo. Además, el mundo puede ser peligroso con callejones oscuros y gente indeseable. Lo entendemos. Pero recuerda que no estamos diseñados para ser estatuas de cera. Tómate como una señal de decrepitud social que el sofá tenga hecha ya la forma de tus posaderas y empieza a respirar aires nuevos que no sean los del ventilador de tu abuela. A veces viajar resulta incómodo, poco práctico y da miedo, pero merece la pena. Pruébalo y quizá cambias de opinión o de excusa para no viajar. Quién sabe…

9. Ya conozco todo lo que me interesa conocer
Que no, que no y que no. Que yo ya he visto lo que quiero ver y no necesito gastar un euro en conocer más cosas. En la vida está bien esto de tener convicciones férreas y opiniones contundentes, aunque quizá para esto de viajar vaya un poco en tu contra. Deja que las anécdotas viajeras de tus amigos o lo que veas por Internet te inspiren para conocer lugares nuevos. Quizá te sorprendan (o no). Pero, por lo menos, tendrás algo que contar al regresar de tus vacaciones y no la misma excusa de siempre para no viajar.

10. No es el momento
Por supuesto. Antes tienes que ahorrar dinero para sacarte el máster, encontrar pareja para no tener que viajar solo, esperar a que la época de monzones pase por Malasia, estudiar chino para hacer la Ruta de la Seda… Claro. Si alguna vez has ido contado por ahí esos grandes planes que te impiden viajar de inmediato, no te extrañe que la gente ladee un poco la cabeza y entorne los ojos. Es una reacción refleja. Perdónalos.

***Vía Skyscanner

 

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