El infierno de las drogas

Las drogas destruyen cerebros, familias y patrimonios. Cada vez las adicciones se detectan a edades más tempranas. Hay adolescentes que se inician en el consumo entre los 12 y los 14 años. “Y no es lo mismo consumir cannabis con 22 que con 12 porque a los 12 el cerebro está en plena formación”, advierte la directora del Centro Triora MonteAlminara, Nuria García.

El deterioro de la salud es una de las consecuencias. Las sustancias estupefacientes actúan en muchos casos como detonantes de patologías psiquiátricas. Hay adolescentes de 18 ó 19 años que debido a su adicción ya han pasado por una unidad de agudos de Salud Mental. El consumo a veces es causa de trastornos psiquiátricos y otras, consecuencia. “Es lo que se llama patología dual. Adicción y enfermedad mental; con lo cual la persona tiene dos problemas”, explica García.

Los efectos nocivos pueden producirse tras una adicción de muchos años o en el mismo inicio. “Lo normal es que se produzcan por el consumo reiterado, pero en algunos casos, con uno o dos consumos sufren un brote psicótico porque son intolerantes a la sustancia”, indica la directora del centro.

Y lo que se destruye no es solo el cerebro. También la familia. Porque el adicto suele mentir, robar e insultar. De modo que crea conflictos con sus allegados y, en ocasiones, puede acabar perdiendo hasta su familia. García señala: “La adicción no sólo la sufre el adicto, sino todo su entorno”.

Las sustancias más habituales son alcohol, cocaína y cannabis. El enganche los convierte en enfermos crónicos. Víctimas de una enfermedad silenciosa que también destroza patrimonios.

Solo un gramo de cocaína cuesta unos 60 euros. Y hay adictos que llegan a consumir 12 gramos diarios. Por eso, los expertos -que esta pasada semana participaron en las VI Jornadas de Concienciación Juvenil frente a las Adicciones organizadas por Triora MonteAlminara- alertan que se está reintroduciendo la heroína. Una dosis de esta sustancia cuesta unos cinco euros.

La igualdad de la mujer también se nota en este mundo. Antes, la mayoría de los consumidores eran hombres. En la actualidad, la adicción entre los sexos se ha equilibrado. No obstante, la mayor parte de los que acuden a programas de desintoxicación son varones. La razón es que las adictas -como tienen el papel de cuidadoras- llevan su enganche de forma silenciosa. Y generalmente es un perfil algo diferente. Mientras los hombres suelen caer en el alcohol, el cannabis y la cocaína, las mujeres se enganchan al alcohol y los tranquilizantes. Sí, de esos que recetan los médicos. “La mujer suele destapar el problema cuando los hijos se han independizado“, comenta García.

No hay un perfil único del adicto, pero suelen ser personas con poca autoestima “que tienen baja capacidad de tolerancia, quieren ser los guays del grupo y toman sustancias para evadirse”.

Hay casos en los que pueden sufrir alucinaciones debido al consumo, lo que los pone en peligro de suicidio o agresiones. Son las familias -no ellos- las que suelen pedir ayuda. Así llega la mayoría a los centros de rehabilitación. Algunos, los menos, lo hacen porque se dan cuenta de que han tocado fondo. Y también están los que llegan a los programas antidroga para cumplir una pena alternativa a la prisión impuesta por un juez. Cada vez más, los juzgados se decantan por esas sentencias que intentan dar una segunda oportunidad a estas personas enfermas por la droga. Los problemas con la Justicia se derivan de que suelen robar para pagarse la sustancia, ellos mismos se convierten en traficantes, se vuelven violentos y cometen agresiones o porque provocan accidentes de tráfico.

Según los expertos, la adicción los cambia y ellos a su vez transforman la vida de su entorno en un infierno. “El final de una adicción es la muerte, la cárcel o el psiquiátrico. Por eso hay que pedir ayuda y hacer mucha prevención”, dice la directora del centro.

Durante las jornadas, la fiscal de Menores María José Cobos alertó del aumento de los casos de violencia ejercida por niños y adolescentes vinculada a la escasez de valores personales, la falta de límites impuestos por la familia, la carencia de empatía, el abuso y mal uso de las nuevas tecnologías o por un temprano consumo de alcohol y drogas.

Pero como cierre, García quiso lanzar un mensaje esperanzador porque existe salida: “Cada vez contamos con más conocimientos, con mejores profesionales y con recursos más especializados en la recuperación de los pacientes afectados por la adicción”. Para salir del infierno hay que pedir ayuda y cuanto antes mejor.

***Vía Malagahoy

 

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