El chile y sus propiedades psicoactivas

El chile es parte del día a día en México. Es tanto parte de nuestra cocina como de nuestra identidad nacional. Y es que la variedad que podemos encontrar a lo largo del país lo hace uno de los ingredientes más atractivos para todo tipo de ocasiones. Hoy, vamos a revisar lo que pasa en el organismo durante una enchilada, además de responder la pregunta ¿sus efectos pueden considerarse como psicoactivos?

Al chile, ¿por qué pica?
La sustancia responsable de la sensaciòn “picante” en nuestra boca se conoce como capsaicina. Basta una dosis muy pequeña para estimular los receptores que detectan el calor en la boca, nariz y garganta. Con ello se libera un neuropéptido que actúa como “transmisor del dolor”. Esto el cerebro lo interpreta como quemadura y desencadena una serie de sìntomas en el cuerpo: lagrimeo, irritaciòn en la nariz, sudoración e incremento del flujo sanguíneo.

Por parte de las culturas mesoamericanas, se conoce también de su aplicación médica para tratar el dolor causado por artritis, cistitis, y diabetes, entre otros. Aunque la mayoría de sus usos fueron para aprovechar su capacidad para infringir profunda molestia e incomodidad. Por ejemplo, los mayas solían quemarlo a contra-viento durante una batalla para segar a sus enemigos; y en Oaxaca se documentó un método de castigo que consistía en forzar a los niños a inhalar trozos triturados de chile.

¿Cuenta como psicoactivo?
La definición más común y simple del término psicoactivo es “sustancia capaz de alterar las funciones del sistema nervioso central”. Esto pasa con el chile, aunque de manera indirecta, pues una de las respuestas del cerebro ante la sensaciòn de dolor es la liberaciòn de endorfina.

Es por ello que mucha gente encuentra placer en el consumo desmedido de comida picante, pues es una alteración al mecanismo de recompensas similar al que provocan la marihuana, el chocolate, o el MDMA. Además, en ciertas dosis es capaz de aumentar el estado de alerta y concentración.

Reducción de riesgos y daños.
Hay una razón por la que el agua resulta de poca utilidad para desaparecer la enchilada. Al ser liposoluble, la capsaicina sólo se disuelve en grasa, por lo que es más útil dar un pequeño trago de leche o comer una cucharada de crema o aceite. También cabe llamar a un consumo moderado, pues el consumo en exceso puede llevar a un paladar cada vez menos sensible.

***Vía Ladosis

 

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