Demisexual: El nuevo vocabulario del deseo

Demisexual_Flag.svgLas variantes de las relaciones afectivas, eróticas y amorosas vienen acompañadas de un nuevo léxico. Los millennials y centennials son, en general, quienes se plantean otros formatos y se identifican con estas tipificaciones.

En el último tiempo abundan las terminologías para denominar el deseo amoroso (o la ausencia del mismo), los tipos de vínculos que armamos, las relaciones afectivas que establecemos. Las nuevas generaciones buscan romper, desde el lenguaje, con la unicidad del término “sexualidad” que -en en el imaginario colectivo- remite a lo heterosexual y en general monogámico. Así, abrir el abanico de opciones les permite incluir un espectro mayor de formas de establecer contacto y sí, a riesgo de tipificar demasiado y etiquetar todo. Hablar de asexualidad o demisexualidad -si bien sigue siendo un evento extraño para las mayorías- está más habilitado que antes.

“Demisexuales” se consideran aquellas personas que no experimentan atracción sexual a menos que formen un vínculo emocional fuerte con alguien. Es una orientación que está “a mitad de camino” (demi significa mitad) entre sexual y asexual.

María tiene 33 años, es estudiante de programación en la UTN y cuenta a Entremujeres por qué se considera demisexual: “Supongo que es una forma de comunicarme. No me gusta mucho atarme a etiquetas pero creo que, si bien es muy difícil (y polémica) la definición de demisexual, me gusta usarla. Para mí es una limitación propia más que una elección, pero la considero dentro de un gran espectro (que cambia, se mueve). Dentro de este espectro me considero bastante “demi”, dado que nunca tuve atracción sexual por los cuerpos en general, ni por el porno, ni por la gente casual. Las personas me provocan deseo cuando tengo algún vinculo afectivo (no necesariamente romántico, también puede ser afectivo-amistoso). Creo que la mayor diferencia sería que no puedo sentir ganas sexuales por cuerpos, escenas, películas porno”.

La oferta de sexo es abundante. En las etapas de la juventud, más aún: desde las presiones grupales por tener relaciones sexuales tempranas, hasta la necesidad de llenar la agenda de experiencias, touch and go, “millas sexuales” y variadas. Frente a todo esto, hay un movimiento de la generación millennial y centennial, de resistencia, de rebeldía ante los mandatos –incluso ante aquellos que se plantean como liberadores del cuerpo: la hiper sexualidad-.

Un estudio de Jean Twenge, por ejemplo, afirma que los más jóvenes tienen menos encuentros sexuales que aquellos de la Generación X (1960-1984) y los del Baby Boom (1946-1965). La hiperconexión, el surgimiento de aplicaciones como Happn o Tinder (que distraen la líbido y la disuelven en un chat) y el híper consumo de porno serían algunas de las causas.

Cuando una persona que se considera “demi” establece ese vínculo emocional con alguien, o de amistad o de enamoramiento romántico, y experimenta un deseo sexual que está dirigido hacia esa persona con la que conectó. “La gente suele pensar: primero que no lo entiende; y en segundo lugar que es algo como “puro y bello”. Creo que lo idealizan mucho, cuando en realidad es una limitación”, opina María.

***Vía clarin

 

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