After work

China-duermen-oficina_PLYIMA20160829_0028_1Los empleados chinos están tan estresados que las empresas habilitan camas portátiles en la oficina para que no pierdan horas desplazándose al trabajo. Los ritmos de trabajo y las exigencias del mundo laboral hacen que pasemos más horas en la oficina que nunca. Y eso ha provocado que muchas de ellas se conviertan en una especie de segunda casa para sus trabajadores.

Cada vez son más comunes las mesas de ping-pong, las áreas de descanso, las cocinas, las fuentes de agua, los sofás y las dinámicas de team building encaminadas a crear lazos y mejorar la situación de los empleados… para que estos sean más productivos. Y dentro del oscuro mundo de las oficinas y los horarios laborales imposibles, China se lleva la palma.

“Ma Zhen Guo, un ingeniero de sistemas en Renren Credit, duerme en una cama plegable en la oficina después de terminar el trabajo temprano en la mañana”.

El frenético ritmo de trabajo de las empresas de este país ha provocado que, junto con las sillas, escritorios y ordenadores, conviva otro tipo de mobiliario más propio de un hogar que de un espacio de trabajo : camas, camastros, literas, sofás-cama, hamacas… incluso la mesa del escritorio con un cojín. Todo vale.

La nueva moda en el país es que los trabajadores duerman en la oficina con un solo objetivo: aumentar la productividad y reducir la pérdida de tiempo en sus desplazamientos entre la casa y el lugar de trabajo. Mayormente, esta situación kafkiana se da en el sector tecnológico e informático, donde la actividad laboral es frenética y los empleados se ven obligados a dormir en la oficina para poder cumplir los plazos.

Pero no solo existen empresas en las que es posible echarte la siesta. En otras, la oficina es una especie de internado para sus empleados. En Dou Mi You Pin, una plataforma de recursos humanos, los trabajadores viven durante la semana en la oficina, en una sala de conferencias habilitada como dormitorio de lunes a viernes.

“Du Xianchang, un ingeniero de la empresa Baishan Nube, sube a una litera en un cuarto colectivo habilitado en su lugar de trabajo”.

Este método de trabajo extremo evita los desplazamientos diarios de los empleados de sus casas en los suburbios a la oficina. Por otra parte, provoca que los empleados vean reducida su vida social al mínimo y que eso llegue a afectar incluso a sus relaciones familiares.

“Mi hijo me extraña; llego a casa y él se abalanza sobre mí como un lobo pequeño”, explicó uno de los trabajadores. “Eso me hace sentir un poco culpable”. “No tengo muchas oportunidades o mucho tiempo para encontrar una novia”, reconocía otro.

Así es el juego de la conciliación —o su falta— entre la vida laboral y la vida privada: para que haya ganancias de un lado, tiene que haber pérdidas al otro lado. Y ya sabemos todos qué lado acaba ganando (casi) siempre.

***Vía playgroundmag

 

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