Por la que nos ponemos de mal humor cuando tenemos hambre

Por-qué-cuando-tenemos-hambre-nos-ponemos-de-mal-humor-Sí, claro, es porque “tenemos hambre”, pero existe una explicación científica. Bueno, tres.

Hay gente que es capaz de gestionar el hambre con entereza, otros a la mínima nos sentimos mareados, cansados e, incluso, enfadados. En Estados Unidos han bautizado al estado de encabronamiento por hambre como “hangry”, un mix entre angry (enfadado) y hungry (hambriento).

La ciencia tiene explicación para el malestar y la ira que nos corroen cuando el hambre aprieta.

Hambriolentos del mundo, la ciencia está de vuestra parte: el malestar y la ira que os corroen cuando el hambre aprieta tienen explicación. Apuntad bien, que aquí tenéis la lista de argumentos a utilizar cuando os recriminen vuestra falta de educación cuando se acerca la hora de la cena:

1. Tu cerebro es un yonki de la glucosa

A diferencia del resto de órganos de tu cuerpo, que pueden ir tirando sin demasiado problema, el cerebro necesita un flujo constante de glucosa para funcionar de forma eficiente. A más horas llevas sin comer, más bajos son tus niveles de glucosa en sangre, por lo que a tu cerebro hará que cada vez te resulten más difíciles cosas sencillas como concentrarte o vocalizar medianamente bien.

Por eso, en las interacciones sociales en las que funcionamos pensando menos (como con amigos cercanos y familiares) podemos ser algo más bordes sin querer: nuestro cerebro está a medio gas y no filtra como con personas de menos confianza, con las que tenemos que esforzarnos más en pensar.

2. Las hormonas se desequilibran

Cuando tus niveles de glucosa en sangre bajan, el cerebro manda señales a ciertos órganos para que produzcan hormonas para tratar de subirlos. Una de las hormonas liberadas en esta situación es la adrenalina (sí, la misma que si te persiguiese un león en mitad de la selva), o sea que no es de extrañar que cuando tengamos hambre estemos a la defensiva.

3. Estamos genéticamente programados para ello

El neuropéptido Y es un neurotransmisor de nuestro cerebro que se encarga de actuar sobre varios receptores del cerebro que afectan sobre el hambre, el enfado y la agresividad. Estos tres elementos están ligados por cuestiones de supervivencia. ¿Imaginas que, de tener que competir por conseguir tu ración de comida, lo hicieras derrochando sonrisas y buen rollo? ¿No, verdad? Pues eso. A nivel genético estamos programados para ponernos poco sutiles cuando se trata de conseguir papeo.

***Vía playgroundmag

 

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